La pelota



Cuando yo tenía ocho años pasé una larga temporada con mi abuela en una casita  pobre. Una tarde le  pedí muchas veces una pelota de varios colores que yo veía a cada momento en el almacén. Al principio mi abuela me dijo que no podía comprármela, y que no la cargoseara; después me amenazó con pegarme; pero al rato y desde la puerta de la casita -pronto para correr- yo le volví a pedir que me comprara la pelota. Pasaron unos instantes y cuando ella se levantó de la máquina donde cosía, yo salí corriendo. Sin embargo ella no me persiguió: empezó a revolver un baúl y a sacar trapos. Cuando me di cuenta que quería hacer una pelota de trapo, me vino mucho fastidio. Jamás esa pelota sería como la del almacén. Mientras ella la forraba y le daba puntadas, me decía que no podía comprar la otra. Y que no había más remedio que conformarse con ésta. Lo malo era que ella me decía que la de trapo sería más linda; era eso lo que me hacía rabiar. Cuando la estaba terminando, vi cómo ella la redondeaba, tuve un instante de sorpresa y sin querer hice una sonrisa; pero enseguida me volví a encaprichar.

Milton Schinca

Al regreso de su exilio mexicano de cinco años, Schinca comenzó a dictar en Montevideo un Curso
titulado "Para iniciarse en la escritura literaria"  en el que enseñaba técnicas y procedimientos para escribir narrativa, poesía y teatro, ilustrándolo con autores universales, aunque con preferencia uruguayos y latinoamericanos. Al terminar dicho Curso, Schinca acostumbraba hacer llegar a sus alumnos el siguiente texto, como motivo de reflexión acerca del camino que iban a emprender.

En este final, en este comienzo

Si pensás que cuando llegues a escribir literatura, el que va a escribir sos tú, mejor no escribas. Pobre del escritor que no sepa que el yo-escritor no existe, que dentro de él escriben multitud de "otros"; otros seres que fueron, otras historias, otras maneras de mirar el mundo. Cómo vienen a confluir en nosotros, no lo sabemos; pero eso no varía en nada la verdad de que escribir es siempre un acto poblado, una conjunción que llega de muy lejos y que trae el aporte de mil correntadas, incluso de algunas que jamás vimos ni veremos.

Levrero entrevista a Levrero

¿Qué es para vos la literatura?

Es el arte que se expresa por medio de la palabra escrita.

¿Y qué es entonces el arte?

Es, a mi criterio, el intento de comunicar una experiencia espiritual.

Deberías explicar, entonces, a qué llamás "experiencia espiritual".

A cualquier experiencia, en la medida que pueda advertir en ella la presencia del espíritu o, si lo preferís, de mi espíritu. Y antes de que vuelvas a intercalar una de tus preguntas, me apresuro a ampliar el concepto: el espíritu es algo viviente inefable, algo que forma parte de las dimensiones de la realidad que caen habitualmente fuera de la percepción de los sentidos y aun de los estados habituales de consciencia.

De modo que la literatura es una de las formas posibles de comunicar a otros seres una experiencia personal que cae fuera de las formas habituales de percepción.

Yo diría que has captado exactamente lo que quise decir; casi con las mismas palabras.

Pero esta definición tuya, ¿no dejaría afuera de la literatura muchas obras que son consideradas como literatura?

Posiblemente.

Antología: La nueva letra del tango uruguayo (Álvaro Ojeda y Miguel Ángel Olivera)

A partir de los años 70 del siglo pasado, los compositores uruguayos volvieron al tango, lo cultivaron, lo enriquecieron. La presente antología recoge algunas letras de tango escritas desde esos años hasta el presente, casi 50 años de letrística tanguera oriental. Son sólo algunas letras, porque Uruguay no es cuidadoso con sus registros. Pese a esta limitación, el lector encontrará bellezas, rarezas, confirmaciones, incluso vacíos. Pero sobre todo encontrará renovación dentro de los márgenes que el género tiene, entre ellos su enorme herencia poética por momentos ineludible. También encontrará autores conocidos, otros no tanto y algunos que ni imagina relacionados con el tango, porque la verdad es que el tango nunca dejó de existir pese a estar casi en la clandestinidad. Esta antología, este cancionero al servicio de cantores y lectores, pretende exponerlos a la luz del presente, hacerlos carne, cosa tangible y cordial.

(Interesados en recibir gratis el libro en PDF, pedirlo a casaculturales@gmail.com)

Susana Soca




Onetti y Borges sobre Susana Soca



Recuerdo para Susana Soca
Juan Carlos Onetti



En un principio era un fantasma lejano – los hay demasiado próximos – que gastaba sus millones en París dándose el gusto de editar una revista llamada “La Licorne” en la que colaboraron los más destacados escritores, en aquella época, de Francia.
Cuando la horda teutona se puso en movimiento, Susana – como la primera persona de la chanson – tenía dos amores: su país y Paris. Eligió el último porque era el que más la necesitaba en aquellos años. De manera que se sumergió en el maquis. Es fácil imaginarla, diminuta, torcida en su bicicleta, recorriendo Francia, llevando y trayendo mensajes, bordeando el precipicio de la muerte. Terminada la guerra, Susana volvió a Montevideo con algún centenar de recuerdos que no podía suprimir y docenas de poemas que no quiso publicar. Y trajo también su idea fija: La Licorne.

Margarita Xirgu

Del libro “Mujeres para la Historia” de Antonina Rodrigo

Durante el verano de 1926 se conocieron, a través de la cubana Lydia Cabrera, Federico García Lorca y Margarita Xirgu. La actriz confesaría que ese encuentro fue el suceso más importante de su vida y el poeta granadino vio en ella a “la actriz que rompe la monotonía de las candilejas con aires renovadores y arroja puñados de fuego y jarros de agua fría sobre normas apolilladas. Ese mismo día Margarita recibió el drama lorquiano “Mariana Pineda” sobre “la figura que traspasó los linderos del mito y simbolizó las luchas por la libertad en el siglo XIX”
Margarita fue una actriz conflictiva, pródiga en desplantes al convencionalismo imperante. No salía sólo a escena a declamar su papel, porque, como García Lorca, no creía en el arte por el arte: “Ese concepto del arte por el arte –declaraba Lorca pocas semanas antes de ser asesinado- es una cosa que sería cruel si no fuera afortunadamente cursi. Ningún hombre verdadero cree ya en esa zarandaja del arte puro, del arte por el arte mismo. En este momento dramático del mundo, el artista debe llorar y reír con su pueblo. Hay que dejar el ramo de azucenas y meterse en el fango hasta la cintura para ayudar a los que buscan azucenas”

Marosa di Giorgio



Anoche realicé el retorno; todo sucedió como lo preví. El plantío de hortensias. La Virgen —paloma
de la noche— vuela que vuela, vigila que vigila. Pero, los plantadores de hortensias, los recolectores, dormían lejos, en sus chozas solitarias. Y mi jardín está abandonado. Las papas han crecido tanto que ya asoman como cabezas desde abajo de la tierra, y los zapallos, de tan maduros, estiran unos cuernos largos, dulces, sin sentido; hay demasiada carga en los nidales, huevos grandes, huevos pequeñitos; la magnolia parece una esclava negra sosteniendo criaturas inmóviles, nacaradas.

Toqué apenas la puerta; adentro, me recibieron el césped, la soledad. En el aire de las habitaciones, del jardín, hasta han surgido ya, unos planetas diminutos, giran casi al alcance de la mano, sus rápidos colores.

Y el abuelo está allí todavía ¿sabes? como un gran hongo, una gran seta, suave, blanca, fija.

No me conoció.

Juan José Morosoli



Dos cuentos cortos


El camino

Nuestro rancho estaba en el fondo del campo. Era el último “puesto” de la estancia. La escuela quedaba lejos. Como no había caminos, para llegar a ella hubiéramos tenido que hacer un rodeo muy largo.
Nosotros oíamos hablar de aquel camino que nos acercaría a la escuela; a los otros niños y a los libros. Acaso cruzaran por él carretas y tropas y caballadas.
Pero al dueño del campo no le gustaban los caminos.
Camino, camino, camino. Ya era él una presencia llena de nuestra simpatía. Sabíamos que era algo más que una huella. Que estaba siempre quieto entre los alambrados tensos y derechos. Que por él andaba nuestro padre y encontraba amigos y veía casas sucesivas y almacenes con jarras pintadas y recados y golosinas. Que por él iba al pueblo donde había como mil casas todas juntas...
Un día llegaron unos hombres. Clavaron banderines rojos por toda la extensión ilimitada...
Después llegaron más hombres y máquinas y carros y fueron haciendo el camino. Por él fuimos a la escuela.
Éramos seis hermanos galopando alegres y felices.
El camino traía y llevaba gentes que hablaban con mi padre. Hablaban del propio camino y de ellos mismos y de nosotros y de la ciudad.
Un día mi padre y mi hermano partieron hacia ella. Después lo hicimos nosotros. LLevábamos lo que teníamos. Al rancho le sacamos las ventanas y la puerta.
Desde el camino nuestra casa parecía una cosa muerta, sin ojos y sin boca.
El camino nos llevaba y huía de la tapera.
No mirábamos para atrás por miedo de que la tierra nos llamara.